La secadora de pelo

La secadora de peloUna joven en un vuelo Nueva York - Madrid le pregunta al sacerdote que está sentado junto a ella:
- Padre, ¿puedo pedirle un favor?
- Por supuesto, hija mía ¿Qué puedo hacer por ti?
- Verá, compré una fabulosa secadora de pelo en Nueva York para regalársela a mi madre en su próximo cumpleaños, pero su precio es muy superior al máximo que permiten declarar en la aduana, y tengo miedo de que me la confisquen ¿sería tan amable de pasarla usted, tal vez bajo su sotana?
- Me encantaría ayudarte, hijita, pero debo advertirte de que no voy a mentir...
- Padre, con su cara de honestidad, estoy segura de que nadie va a dudar de usted. Me arriesgaré...
Llegan a la aduana y el padre pasa delante de ella. El oficial de turno le pregunta:
- Padre, ¿tiene algo que declarar?
- Desde lo alto de mi cabeza hasta mi cintura, no tengo nada que declarar...
El oficial se queda pensando un momento y vuelve a preguntar:
- ¿Y, de la cintura a los pies, tiene algo que declarar?
- Tengo un maravilloso instrumento designado para ser usado por una mujer, pero el cual, hasta la fecha, no ha sido usado, aunque espero que esto suceda en breve con una amiga mía y su madre, por separado o juntas... si dios así lo permite.
El oficial lo dejó pasar...